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Las estaciones de la vida son, parece, una sucesión de notas con rumores, pausas y silencios que, al unirse, forman un concierto sublime, una sinfonía magistral, una historia maravillosa e inolvidable, o una serie de signos discordantes, un guión horrible y trágico, que ofrecen, durante la jornada por el mundo, una ruta, un motivo, un sentido de la vida. Más allá de creencias, la temporada navideña regresó, como suelen venir, también, los minutos, los días y los años de la primavera, el verano, el otoño y el invierno que, finalmente, son indiferentes al buen o al mal uso que se haga del tiempo, e igual que el palpitar de la vida, a cierta hora, en una fecha imprecisa, se marchan sin apegos ni sentimentalismos, razón por la cual es preciso experimentar en armonía, con equilibrio y plenamente cada estación existencial. Es momento de reencontrarse con uno, reconciliarse con el ser, amar y convivir con la familia y los seres cercanos, con la gente que está aquí y allá. Los regalos encantan, sorprenden, cautivan; sin embargo, son temporales y sus envolturas terminan en la basura, igual que las botellas de licor, las luces y los sobrantes de los ricos banquetes, mientras los sentimientos nobles, la convivencia genuina, las palabras amables que se pronuncian, la alegría, los detalles y las sonrisas auténticas, quedan en uno como pedazos inolvidables, bellos e irrepetibles de la biografía, de la historia existencial. Para algunos, los días navideños son alegres y para otros, en cambio, nostálgicos o indiferentes, acaso por los recuerdos de las vivencias que naufragan en su memoria, probablemente por la infancia que se fue, quizá por su significado, tal vez por ese motivo y por algunos más. Llegan, a veces, con cargas y liviandades, pero con la oportunidad de dedicarlos al bien, a cumplir los anhelos, a la expresión del ser desde lo más profundo, a la dicha y la fortuna de reunirse con la familia. En mi caso y para alivio de mi ser, la temporada navideña me recuerda historias del ayer al lado de la gente que tanto he amado, de los seres que siento en mí, en mi interior, e igualmente, al escuchar sus susurros y sigilos, la oportunidad de añadir capítulos mágicos y singulares a la historia de mi vida. Quizá para algunos, por sus creencias, tradiciones y costumbres -siempre muy respetables-, el período navideño no significa algo especial; no obstante, cada momento es un trozo de vida que se acepta y se experimenta, o se desprecia y no se aprovecha. Cada instante es vida. En consecuencia, a mi familia, a mis amistades, a mis contactos, a mis lectores y a la gente que, en un lugar y otro, tiene un gran significado para mí, les deseo una temporada decembrina inolvidable, especial y mágica, con lo mejor de la vida y con la llave que abre la puerta al infinito. Disfruten a su familia, su salud y su vida. Son los regalos más hermosos y sublimes.
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Source: Temporada decembrina – Santiago Galicia Rojon Serrallonga









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