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Vida mía, desde hace años -creo que a partir de la aurora de mi existencia terrena- siento tu pulso etéreo en mi mirada, en mi rostro, en mis manos, en mis pies, en todo mi cuerpo de arcilla, mientras observo, con asombro e inquietud, tus maletas con su contenido misterioso, tu equipaje listo para partir a cierta hora, en alguna fecha desconocida, igual que el forastero que, en determinado momento, se traslada a la estación del ferrocarril con la intención de marcharse del pueblo donde se refugió durante los minutos de su destierro, seguramente sin dejar apegos porque eres, para todos, indiferente. Vida mía, sé que un día te desprenderás de este cuerpo al que tanto amo y con el que, por sus perfiles y rasgos, todos, incluido yo, me identifican. Sí, un cuerpo, un rostro, un organismo que alberga a mi esencia, a mi alma, con el propósito de expresar mis sentimientos, ideas, palabras, anhelos, planes y sueños durante un lapso breve, entre un suspiro y otro de la naturaleza y del universo. Un yo orgánico que, algún día, cuando tú, vida mía, te alejes, caerá yerto y se fundirá con la arcilla, en la tierra, mientras mi ser, en tanto, volará libre y pleno a sitios insospechados, a planos que se presienten infinitos…
Source: Vida mía – Santiago Galicia Rojon Serrallonga
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