SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA
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Su colección de relojes valía una fortuna. Eran modelos elegantes y finos. Los había de oro, con incrustaciones de diamantes y de todas las piedras y de los metales preciosos más caros y selectos. Él y ella recibían catálogos de las relojerías de mayor prestigio en el mundo; además, los agentes que reresentaban las compañías de renombre, los buscaban con la intención de presentarles las novedades y los diseños exclusivos. La gente, en aquella ciudad, reconocía la fama de ambos personajes, quienes, por cierto, eran admirados públicamente por la distinción de los relojes que portaban. Una mañana, un pordiosero de los tantos que deambulaban en las calles de aquella ciudad, de cabello desordenado y mirada extraviada, aprovechó un descuido del personal de seguridad con el objetivo de acercarse al “matrimonio de los relojes”, como se les conocía popularmente, a…
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