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Desde las estaciones de mi vida – Santiago Galicia Rojon Serrallonga

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Desde las estaciones de mi vida, admiro el nacimiento de las flores perfumadas y multicolores, con sus pétalos alegres por los que deslizan las gotas del rocío, y también presencio, al atardecer, su agotamiento y el instante postrero de su petulancia vana, sus rostros envejecidos y marchitos, y el minuto final de sus existencias. Miro, en mi viaje, la nieve que se derrite cuando el sol de la primavera asoma entre las nubes, un amanecer, otro y tantos más, con sus lápices de colores que pintan la campiña, los ríos cristalinos, los árboles y las montañas, hasta que cierta tarde, en el mismo trayecto, soy testigo del calor y de la lluvia del verano, con el encanto de recibir las gotas que parecen perlas diáfanas, y después, al llegar la noche, siento el frío del invierno. Se trata de auroras y ocasos que transcurren, en los años juveniles, casi imperceptibles, y que pesan, a otros, en la temporada de la ancianidad. Desde el furgón del tren cuento los instantes, los minutos, las horas, los días que se acumulan, hasta formar semanas, meses y años que se fugan entre un suspiro y muchos más. Transitan identidades y rostros, unos amados, inolvidables y buenos, y algunos más deleznables y malos, como son los días de la vida con sus claroscuros. Veo a la gente en un ir y venir, protagonizando sus biografías, sus historias, sus guiones existenciales, cada uno hacia su destino. De las estaciones de mi vida he aprendido que no importan el frío, el calor y la caminata del tiempo cuando uno se dedica al bien, ama, sueña, experimenta cada momento en armonía y con equilibrio y sigue un rumbo correctamente definido. Tras mucho recorrer las estaciones de la vida, ahora entiendo que, junto con el tiempo, es indiferente al uso que se haga de su presencia, en el mundo, razón por la que resulta primordial experimentar y disfrutar cada uno de sus momentos, los instantes que regala, porque de no hacerlo, cualquiera estará condenado a perecer. Es preciso vivir en armonía, con equilibrio, plenamente y siempre con el objetivo de hacer el bien, construir puentes donde hay abismos, retirar las espinas del camino y dejar huellas indelebles, marcadas por los buenos sentimientos, la justicia, los ideales. Solo así se escala a la inmortalidad y a la luz.

Source: Desde las estaciones de mi vida – Santiago Galicia Rojon Serrallonga