SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA
Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright
Los días de la existencia son breves, pasajeros, fugaces; escapan inevitablemente, entre un suspiro y otro. El tiempo -sus instantes, sus días, sus años- carece de apegos, sentimentalismos, caprichos y afectos; es indiferente a su buen uso o a su derroche. Se va. No le interesa si la gente, hombres o mujeres, lo desperdicia o, al contrario, lo aprovecha. Es imposible acortar o prolongar el tiempo porque no acepta enmiendas, ni tampoco añadiduras ni recortes. Si uno pretende vivir más, dentro del período que le corresponde, debe enfrentar la pereza, despertar, levantarse más temprano, diseñar un proyecto existencial, evitar el derroche de los segundos y conseguir sus planes. Hay que tener claros la ruta y el destino, sin descuidar el trayecto. Resulta preciso cerrar las puertas y las ventanas al miedo, la tristeza, los prejuicios, las superficialidades, el odio, la ignorancia, la estupidez y la maldad, para abrirlas al bien, la verdad, la belleza genuina y todo lo que favorezca la germinación del crecimiento integral y el camino hacia la plenitud. Es fundamental esculpir cada día los rasgos, la historia, la biografía, lo que uno desea ser y llevar a cabo durante su paso por el mundo. A la experiencia personal y al conocimiento adquirido por la lectura, el estudio, la reflexión, el análisis y la investigación, es fundamental sumar las vivencias de otros seres humanos y asimilar sus lecciones. Es como vivir una multiplicidad de existencias en una sola. Apenas alcanza la vida para hacer algo interesante y bueno, y trascender. Todo enseña y aporta algo, por más pequeño o insignificante que parezca. Nunca hay que desdeñar a la gente y las cosas por su aspecto. De todos es posible aprender y, así, enriquecer los días de la existencia. Y lo más importante -algo que se ha olvidado en la hora actual de apariencias, inmediatez, egoísmo, violencia y tonterías- es que entre mayor es el desarrollo existencial, más grande son el compromiso y la responsabilidad de derramar el bien a favor de los demás, sobre todo de aquellos que, por sus condiciones, lo requieren. De esta manera, contribuiremos a modificar las tendencias actuales del mundo que parecen ensombrecer el presente y el mañana.
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Source: Sin descuidar el trayecto – Santiago Galicia Rojon Serrallonga



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