Una caja para tontos – Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Existen, en determinadas plazas comerciales y en algunos espacios públicos, vitrinas de cristal con una serie de muñecos de peluche acomodados con cierta intencionalidad, y un mecanismo que, a cambio de una moneda, el público manipula durante algunos segundos con el objetivo de tratar de sujetar uno de los juguetes y hacerlo suyo. La mayoría no lo logra porque se trata de un equipo diseñado para dificultar la captura de muñecos. Siempre que miro esos aparatos, pienso que se encuentran en espera de incautos, soñadores, tontos e ilusos dispuestos a gastar y derrochar su tiempo y su dinero en anhelos frustrados, en la ambición y en el intento de conseguir un muñeco que minutos antes no planeaban adquirir y que coincidieron, inesperadamente, en el camino. Ante la ausencia de historias enriquecedores e interesantes en la vida, los que logran atrapar un muñeco -el que sea- son considerados personas afortunadas, hábiles y exitosas. Asombran porque la mayoría pierde. Es una mofa, un juego, una comedia, una aventura. El sistema eléctrico y mecánico está manufacturado para complicar los intentos de sujetar y extraer alguno de los muñecos indiferentes a los deseos de la gente. Igual es la vida. Alguien, y otros más, imponen gustos, modas, sueños y tendencias. Enajenan, manipulan y controlan. Su plan tiene cierta intencionalidad. Son los que están desarticulando a las familias y las instituciones, confundiendo y rompiendo a las generaciones jóvenes y llevando a cabo acciones para destruir los modelos actuales e imponer un gobierno que a nivel mundial se apodere de la voluntad humana y de los recursos naturales y minerales del planeta. Solo hay que voltear a un lado y a otro, en el mundo, para comprobarlo.

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