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A mi madre, la gente le llamaba «la señora amable», por su gentileza, educación y valores; a mi padre, quien fue un caballero, las personas lo admiraban y respetaban. Mis hermanos y yo recibimos de ambos uno de los mejores regalos que un hijo puede heredar: amor, educación, valores, amabilidad y respeto.
Vivir en un hogar ejemplar, tanto en la niñez como en la adolescencia y parte de la juventud, es una bendición, una delicia y un encanto. Se trata de un regalo que supera cualquier riqueza material porque una familia bella e íntegra no la compran los tesoros más codiciados en el mundo.
Uno trata de andar por el mundo con la educación que recibió en el hogar, principalmente si es de valores; sin embargo, la crisis surge en cuando se mantiene relación con la gente, en un lugar y en otro, en una época en la que prevalecen la ausencia de bien y de amabilidad y abundan las superficialidades, la estupidez y la vulgaridad. No es fácil ser amable, educado y bien intencionado en ambientes grotescos y hostiles, donde vale más una persona que luce un automóvil lujoso o una billetera repleta de dinero, que un hombre o una mujer que actúa con sencillez y amabilidad…
Source: Simplemente, educación – Santiago Galicia Rojon Serrallonga
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