
Coexistimos en una época en la que la gente es demasiado endeble y está tan rota, que se siente herida, desgarrada y ofendida si uno, al escribir o al hablar -incluso con educación y respeto- menciona algún concepto o término que le parezca antagónico a sus creencias, hábitos, modas y costumbres. Escandalizan, juzgan, condenan e incluso atacan a quienes son diferentes a ellos y no encajan en los modelos adocenados de producción en serie. Tales personas de rebaño, son incapaces de explorar las escondrijos y los tesoros de su ser, practicar sentimientos nobles, pensar, hacer algo grandioso y concebir y realizar sueños e ideales, porque todo lo desdeñan y permanecen distraídos en la estulticia, en los esquemas que, sin darse cuenta, alguien, y otros más, les han impuesto como una ruta libre y nueva que les quita supuestas ataduras de compromisos, responsabilidades y esfuerzos. Heladas, frágiles y endurecidas como el mármol que un día impreciso, ante la caminata de los minutos, las horas y los años, pierde el encanto de su apariencia y envejece inevitablemente, tales multitudes suponen que, al escandalizar, agredir y romperse ante las ideas y las palabras de quienes sienten, piensan y actúan distinto, defienden sus derechos y la libertad de expresión; sin embargo, no tienen capacidad de percatarse del engaño en que coexisten. Se convierten en turbas enardecidas contra sus opuestos. Sin notarlo, porque está bien planeado por quienes diseñaron un proyecto que tiene cierta intencionalidad perversa, la ignorancia masificada y sus expresiones sentimentalistas, irracionales, reactivas y superficiales prevalecen sobre el respeto y, en consecuencia, encadenan la dignidad humana y las verdaderas libertades. El exceso de libertinaje, barnizado de derechos sin obligaciones ni responsabilidades, aniquila la libertad.
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Source: Entre gente endeble y rota – Santiago Galicia Rojon Serrallonga