La cuenta de la vida, en el mundo, ofrece un inicio y un final, una aurora y un ocaso, con la oportunidad, el reto y la posibilidad de hacer balances y enmiendas durante el viaje. Si uno anhela realizar una obra magistral de sí, un autorretrato agradable, bello, inolvidable, pleno e irrepetible, es preciso renunciar a las sandeces que caracterizan a los brutos en su manera de sentir, creer, pensar, actuar y hablar, y elegir el estilo que distingue y eleva al ser, más allá de que los días transcurran en una pocilga o en una mansión, en un bote de remos o en un yate lujoso, porque la verdadera evolución y la felicidad no pertenecen a las marcas de barnices producidos en serie que abaratan la estulticia y la superficialidad, sino a algo superior, a una esencia que transporta a otras fronteras, a planos que ni siquiera concibe el engreído que supone que la existencia es breve y, por lo mismo, debe consagrarla a asuntos baladíes. La cuenta de la vida regala la oportunidad de crear un autorretrato genuino, feliz y afortunado.
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Source: La cuenta de la vida – Santiago Galicia Rojon Serrallonga












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