Dulce García: Sueños y Resistencia

Foto de Andrea López-Villafaña | La Prensa San Diego

Por Andrea López-Villafaña

Al igual que miles de inmigrantes indocumentados conocidos como “Dreamers”, cuyo futuro permanece en suspenso, Dulce García, abogada local de inmigración y defensa criminal, lucha para compartir sus historias y encontrar una solución permanente para estos jóvenes inmigrantes.

García está entre los demandantes nombrados en la demanda contra el Presidente Donald Trump y su administración por terminar el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por su sigla en inglés) que proporcionó permisos de trabajo y protección a jóvenes indocumentados que llegaron a los Estados Unidos como menores de ser deportados.

Este es un tema que apasiona a García porque ella es una de las aproximadamente 800 mil jóvenes conocidas como “Dreamers”.

“He aprendido a no darme por vencida a la primera cuando me cierran una puerta en mi cara, a ser resistente, y me ha hecho más fuerte y me ha convertido en quien ahora soy”, dijo García.

García tiene su despacho jurídico en Barrio Logan y recientemente abrió otro en Chula Vista. Ella está involucrada con varias organizaciones como San Diego Border Dreamers y participa en eventos enfocados en informar a los miembros indocumentados en las comunidades de San Diego sobre sus derechos.

“Sabía que quería ser una abogada de defensa criminal”, dijo García. “Nunca se me ocurrió que estaría practicando la ley de inmigración”.

Pero eso cambió cuando su hermano menor fue detenido por un policía y se le acusó de conducir con una licencia suspendida, a pesar de que no tenía una licencia, y luego fue entregado a ICE, dijo García.

Su hermano fue detenido en El Centro, y aunque aún era estudiante en la universidad, García y su hermano mayor decidieron arriesgarse a ser detenidos en un retén de control para visitar a su hermano detenido.

“Cuando lo vi detenido no era él mismo, le rompieron su espíritu”, dijo. “No pude reconocerlo y entonces supe que tenía que aprender la ley de inmigración”.

García dijo que en ese punto, la ley de inmigración se volvió una necesidad para que ella la entendiera en profundidad.

“He visto tantas personas muy fuertes en mi trabajo”, dijo García. “Mis clientes, he escuchado sus historias y algunos de ellos han pasado por cosas increíbles y hacen que mi historia parezca una buena historia en comparación con algunas de las cosas difíciles por las que ellos han pasado”.

García y su familia se mudaron a Barrio Logan en 1987, pero ella dijo que, al igual que hoy, había una retórica de odio en contra de los latinos, por lo que recuerda haber vivido en una vida protegida porque sus padres no querían que sus hijos estuvieran afuera.

Debido a su estado migratorio, García dijo que su familia temía tener alguna interacción con la policía e incluso con hospitales. Y su temor de que los deportaran fue tan grande que su padre, un soldador, una vez se lastimó el brazo de tal manera que, debido a evitar atención médica inmediata, estuvo cerca de que le amputaran el brazo, dijo García.

García no entendía qué significaba ser indocumentado y relacionó sus limitaciones como familia con su situación financiera, dijo.

Pero su situación legal y sus obstáculos salieron a la luz cuando estaba en el proceso de aplicar a universidades como muchos de sus amigos de la escuela secundaria.

“No me di cuenta de que había una diferencia entre mis compañeros de clase y yo”, dijo García. “No sabía que ser indocumentado iba a afectar el resto de mi vida”.

Después de ser aceptada en varios colegios y universidades, García dijo que decidió buscar el consejo de un consejero escolar muy respetado, pero en cambio le dijo que no podría asistir a la universidad porque ella era una “extranjera ilegal”.

“Estaba destrozada, pensé que mi consejero iba a ser un héroe para mí”, dijo con la voz quebrada. “Y en su lugar dijo ‘eres una extranjera ilegal, ni siquiera vas a ir a un colegio comunitario’”.

García recuerda que salio de la oficina del consejero, y, a pesar de sus comentarios, ella le respondió “mírame hacer esto”.

Ese verano, García asistió a clases nocturnas en un colegio comunitario mientras trabajaba de tiempo completo para un abogado. García luego se transfirió a UC San Diego y se graduó con una licenciatura en ciencias políticas.

En el momento en que García asistía a la universidad, el California Dream Act, que permitía a Dreamers solicitar ayuda financiera para la escuela, no estaba, así que trabajó hasta que ahorró para asistir a la escuela de leyes.

Ella atribuye su necedad para seguir adelante a su madre, a quien describe como una mujer muy fuerte, pero admite que su camino no ha sido fácil, especialmente con la administración presidencial actual.

“A veces me siento tan deprimida y sin esperanza”, dijo García.

Pero luego recuerda a los miembros de su familia y eso le da fuerzas, dijo.

Ella habló más abiertamente sobre su situación legal y su historia cuando la nueva administración amenazaba a DACA, pero ella dijo que simplemente estaba siguiendo los pasos de los activistas de DACA que han estado luchando durante más de 20 años.

“Lo menos que puedo hacer es replicar algunas de las cosas que valientemente han hecho durante 20 años y eso es contar mi historia”, dijo García.

García dijo que entiende que aunque DACA proporcionó alivio para ella y para los demás, muchas personas indocumentadas como su propio hermano mayor no calificaron para el programa.

“El es otra razón por la que sigo peleando porque se quedó fuera de este programa”, dijo García. “Es otra persona que tengo en mente cada vez que hablo en las oficinas del Congreso, cada vez que salgo a la calle a protestar, mis padres y él son los que tengo principalmente en mente”.

García dijo que siente que es su deber a los activistas originales de DACA de hablar tanto como pueda y usar su voz como una herramienta para seguir luchando.

“Hasta que tengamos una solución permanente a esta crisis de DACA, hasta que personas como mis padres estén a salvo, hasta que se reconozca a gente como mi hermano y le devolvamos un poco de dignidad y respeto, seguiremos luchando”, dijo.